• En la orilla •

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Name: Máximo Ballester
Location: san isidro, buenos aires, Argentina

Mi único tema es lo que ya no está y mi obsesión se llama lo perdido mi punzante estribillo es nunca más y sin embargo amo este cambio perpetuo este variar segundo tras segundo porque sin él lo que llamamos vida sería de piedra. (Contraelegía, José Emilio Pacheco)

Monday, January 15, 2007

BIENVENIDOS!!!

Sunday, September 17, 2006

Hola a todos. Este blog está dedicado al libro EN LA ORILLA. Para leer otra cosa hace click en AFORISMOS o en MUSAS EXTRAVIADAS mas abajo a la izquierda. Otra opción es no leer nada, o estornudar y mojar la pantalla o salir a los bosques en busca de la médula de la vida.

Thursday, August 31, 2006

EN LA ORILLA
(2002/2003)
Máximo Ballester
Libro completo.


Bienvenido. Clickeando en los archivos y en los posts recientes se puede leer el libro entero desde la introducción hasta el capítulo XVI. Al pie de cada capítulo se pueden dejar comentarios.

En la orilla XVI

145

Hoy ha pasado tu perfume de tilos suburbanos. Y yo tan real, tan aquí, presente, lejos de ese mundo de delicadas corolas, tan materia, tan actual, asistiendo de mortaja a tu universo carnal, bullente, a tus posibles metamorfosis. Hoy pasaron tilos soltados y regué el aire de ojos. Hoy pasaste por aquí, sembradora.


146

Entredormido, he visto a mi mano izquierda extendida acariciando un contorno, un contorno, un contorno…


147

Vos o fuego que desfuega; penas crujidoras en linda brisa. Me quedo encendido. Es a tu última llamita que me abrazo.


148

Sol digo y sol no basta. Sin otra iluminación apago este mundo. Dentro de mí, el mundo respiraba como tus manos.


149

El que soy en mí y el que yo era en vos. El que soy ahora habla en sus entrañas con el que era en vos. En un silencio lleno de aspas y cansadas cadenas, se produce el diálogo entre un moribundo y un muerto.


150

Hoy vi que un barco no pasaba nunca…


151

Al pie del muro, bajo los árboles distraídos en los colores del ocaso, soy dos, recordando.




EN LA ORILLA (2002/2003) Máximo Ballester

Wednesday, August 30, 2006

En la orilla XV

136

Mano que se asfixia en el intento de asir granos de arena. Arena que come el viento. Viento que me fuma la cara, el cuello, los hombros. Las nubes pasan como horas que alguien recuerda.


137

Saltar hacia el vientre de la madre y de ahí a la nada total. Única justificación para la existencia de una máquina del tiempo.


138

Sol que no sale, sol que no se difunde, sol que no escribe. Sol con pánico a la noche en blanco.


139

Ser en la oscuridad, en la aparente nada, el que se pregunta si esta es la versión definitiva del mundo.


140

Poema, dos piedras, musgo, salitre, versos de arena, una pluma de plumero, poema caracol violáceo, espuma cegante, un tren de hormigas mineras, sombra de ave, poema desolación, des-sol, des-ola, de sola solación, poema orilla, guano, caparazón de la suerte, madero de navío, perro que lame el mar con pezuñas de anzuelo, poema sobrevolando tus pechos de altamar, tus pechos de las diez de la mañana. Poema que se hunde en el sol con salvavidas de tu piel… Dame la mano. Ahora dámela.


141

Donde hice nido brota la devastación. He sido llamado a sobrevivir toda la vida, a ser, nada más, arquitecto de mi sombra.


142

Suprimirse en medio de un perro hasta ser ese perro. O ser solamente –oh destino: polvo de huesos- arena que construya su castillo en el viento.


143

En este minuto mío pierdo el cielo, el paraíso, la salvación, el infierno. Pierdo la otra vida, la reencarnación, el purgatorio y todos los ángeles. Pierdo una a una todas las religiones. Pierdo a Dios y a Satanás. Pierdo mi única posibilidad de ser nada. Y pierdo este minuto mío. Y además no gano, nada gano. Pero no pierdo para ganar. Y además no pierdo nada.


144

Y sos agua de la que no podré secarme nunca.

Sunday, August 27, 2006

En la orilla XIV

127

El mar se oye como una pregunta. La mañana es clara como si en ella se reflejara otra más bella y alta. Parado en arenas de clepsidra, agoto mi tiempo. Más allá de tu ausencia, siento que es tu vestido alegre el que no ha venido a verme.


128

Gané este centímetro de sonido, logré ese hecho que es la palabra, difundí el rumor de mi propio latido -acaso esperando un eco- sin saber que no hay victoria sobre la nada.


129

No, no se equivocó esta paloma: ir bello a la belleza, tomar la forma de lo que se ama.


130

Despliego la hoja delicadamente. Releo el poema con amorosa esperanza; como si lo hubiese escrito yo mucho tiempo después de mi muerte.


131

La sensación de haber rasgado todas las verdades hasta la última mentira. La sensación nada más, sólo eso. La mentira se emperifolla, se viste de fiesta, la verdad es una fiesta a la que no hemos sido invitados.


132

Comer crepúsculo. Sentarse a un lado del silencio. Oír las nubes, cómo levantan sus faldas cuando pasan frente al sol. Pasar el día sin decir palabra –mi rostro ausente entre las manos-. Hasta que algo me arranque un sonido, un pulso en otra escala, una letra H en la respiración. Algo que ya no pueda decir con los ojos y rompa el NO. Obligado a verme de espaldas. Cierta crispación. En esa veta.


133

Soy algo en la borra del día. Algo provisorio y distante. Asisto mudo a las cortinas de la lluvia, a la histeria de los compases del mar. Ni una palabra en los médanos, ni un silbo de sábana en mis labios. Quiero pájaros en la boca. ¡Ahora los quiero!


134

El mundo es terrible y el poema que no puedo hacer lo empeora. Más aún: el mundo es terrible porque no puedo hacer el poema.


135

Sobrevivís en mí: delicada, frágil, como una especie en extinción.

Wednesday, August 23, 2006

En la orilla XIII

117

¿Anochece en tu blanco país sin noticias? ¿Qué cosa es tu mesa, servida a qué, qué tu mantel? Si la brisa trajera el sabor o el aroma de tus labores de ayer, si tan sólo una señal o paloma, una vaga nube extranjera de la que yo dijera mía…


118

Me subdivido en la lluvia, asciendo por las nervaduras de las hojas, me sucede una rosa de viento en medio del amor furtivo, me ensancho en nulas metamorfosis, soy catástrofe de la sangre aulladora. Las cosas me nombran; todas las cosas que soy. Pero ¿a quién nombran cuando me nombran?... Concurrir a zonas ambiguas ya en tercera persona.


119

¿Somos sueño de un dios?... Creer que el que me sueña no te sueña a mi lado porque no te conoce o por haberte olvidado o por un capricho del inconsciente o, simplemente, por una cuestión de estilo.


120

En mi llanto no caben lágrimas. La angustia y el sopor rompen filas, agitan pañuelos irascibles, ríen en rincones de buhardilla. La tristeza es un punto cardinal mudable, tiene el rostro feliz de una margarita a punto de estallar en una trinchera. No, no tengo lugar para lágrimas, en general para nada que caiga sino yo. No hay una sola nariz húmeda, plañidera, no hay una nube pasajera preñada que sea capaz de corromperme el llanto. Cuando lloro nada llueve, nadie cae, nunca nadie moja nada.


121

Otra vez la luna caída en un responso. Ando con esta ceguera de no verte. Siento que ya me fui, que le robo una fecha a la muerte, que soy memoria del olvido, que dejo una espalda de telón donde debí soltar un pañuelo. Siento que soy sombra de mi sombra.


122

Me suicido en una ola, en una blanca ala de espuma. Oscilo. Toco los llamadores de las puertas de la nada.


123

La poesía es algo que cae. ¿Y yo qué? Yo caigo de vos, no de mí. De mí caeré mañana, cuando tenga suelo. Por ahora sigo cayendo de vos, todavía no doy con tierra firme.


124

Me quitaría la cabeza del sombrero, las manos de las mangas, los pies de los zapatos. Sería la parodia de mi sombra.


125

A veces pienso que diga lo que diga, piense lo que piense, haga lo que haga –ya respire, ya escriba, ya camine-, es otra forma de decir que te amo.


126

Vos en una orilla, yo en otra: soy el que espera que se unan los continentes.

Monday, August 21, 2006

En la orilla XII

106

Todavía ando con los restos que aprendí. La certeza de la no certeza es menos saludable que la duda. Pero adónde voy disperso, nómada en círculos concéntricos, de la mano de fantasmas que ya eran mancos de antemano.


107

¿Viajás mía por la sideral, la inmensurable? ¿Mía patria sola, pólvora de besos caídos a los pies de tu mirada: la sin palabra? ¿Alas o globo que va dejando lastre en su peregrinación celeste? ¿Mío país tu vientre? ¿Cuándo digo mío ya nada me pertenece?


108

Desnuda.


109

No saldrá de este mar vaca o nautilus o monstruo bicéfalo o mujer desnuda con las tetas del día, por más que mire y mire las olas. No veré Atlantis, Neptuno o Poseidón, y nunca más una sirena.


110

Gaviota, cirro, merluza, escarabajo, gorrión, cangrejo, almeja, mosca, caracol pasan sin saludar; cada cual sumergido en sus cuestiones. Misántropos.


111

De pronto piso la playa antediluviana. Ruido de mis huesos acorde a la circunstancia. Huellas incunables, acólitas moscas en antiguas alas de baño. Sucede lo pasado. Juego a no saberte. Callan los tambores de tu nombre… Creo que soy, por un momento, el que espera lo que no sabe qué espera.


112

Nada por decir, por escribir. Abulia frente a las comas, ante la picazón de espalda, horizontalidad de lombriz, cabeza dentro de un pozo. Todo en no, en nada; anticipos o fetas de muerte. Las alas a los lados de ese caballo, invisibles, fatalmente ausentes. La ventana que hice donde no había casa… Y descubrir que la bolsita que me golpeó la cara, inflada por el viento, ya no tiene su paracaidista.


113

Cielo gris, oscuro, oscuro. Nubes largas delineadas en áspera carbonilla. Mar negro, arena pálida. En gris, en negro y blanco, todo el día frente a mi rostro de aguatinta.


114

De algún modo soy el hombre del dibujo que dibujé de niño. De algún modo soy el niño que dibujaba.


115

El nocturno urde sus piezas desparejas. Soledades arma. Me unce a mis recuerdos hasta que grite. Y en ese desgarramiento quien no sea yo verdaderamente morirá en su cáscara, se lo comerá el tiempo invariablemente.


116

Pinto un ataúd vivo para mi corazón ligero. Mi corazón: oruga que se comió la mariposa que iba a ser.