• En la orilla •
About Me
Mi único tema es lo que ya no está y mi obsesión se llama lo perdido mi punzante estribillo es nunca más y sin embargo amo este cambio perpetuo este variar segundo tras segundo porque sin él lo que llamamos vida sería de piedra. (Contraelegía, José Emilio Pacheco)
Sunday, October 18, 2009
Monday, January 15, 2007
Sunday, September 17, 2006
Hola a todos. Este blog está dedicado al libro EN LA ORILLA. Para leer otra cosa hace click en AFORISMOS o en MUSAS EXTRAVIADAS mas abajo a la izquierda. Otra opción es no leer nada, o estornudar y mojar la pantalla o salir a los bosques en busca de la médula de la vida.
Thursday, August 31, 2006
EN LA ORILLA
(2002/2003)
Máximo Ballester
Libro completo.
Bienvenido. Clickeando en los archivos y en los posts recientes se puede leer el libro entero desde la introducción hasta el capítulo XVI. Al pie de cada capítulo se pueden dejar comentarios.
(2002/2003)
Máximo Ballester
Libro completo.
Bienvenido. Clickeando en los archivos y en los posts recientes se puede leer el libro entero desde la introducción hasta el capítulo XVI. Al pie de cada capítulo se pueden dejar comentarios.
En la orilla XVI
145
Hoy ha pasado tu perfume de tilos suburbanos. Y yo tan real, tan aquí, presente, lejos de ese mundo de delicadas corolas, tan materia, tan actual, asistiendo de mortaja a tu universo carnal, bullente, a tus posibles metamorfosis. Hoy pasaron tilos soltados y regué el aire de ojos. Hoy pasaste por aquí, sembradora.
146
Entredormido, he visto a mi mano izquierda extendida acariciando un contorno, un contorno, un contorno…
147
Vos o fuego que desfuega; penas crujidoras en linda brisa. Me quedo encendido. Es a tu última llamita que me abrazo.
148
Sol digo y sol no basta. Sin otra iluminación apago este mundo. Dentro de mí, el mundo respiraba como tus manos.
149
El que soy en mí y el que yo era en vos. El que soy ahora habla en sus entrañas con el que era en vos. En un silencio lleno de aspas y cansadas cadenas, se produce el diálogo entre un moribundo y un muerto.
150
Hoy vi que un barco no pasaba nunca…
151
Al pie del muro, bajo los árboles distraídos en los colores del ocaso, soy dos, recordando.
EN LA ORILLA (2002/2003) Máximo Ballester
Hoy ha pasado tu perfume de tilos suburbanos. Y yo tan real, tan aquí, presente, lejos de ese mundo de delicadas corolas, tan materia, tan actual, asistiendo de mortaja a tu universo carnal, bullente, a tus posibles metamorfosis. Hoy pasaron tilos soltados y regué el aire de ojos. Hoy pasaste por aquí, sembradora.
146
Entredormido, he visto a mi mano izquierda extendida acariciando un contorno, un contorno, un contorno…
147
Vos o fuego que desfuega; penas crujidoras en linda brisa. Me quedo encendido. Es a tu última llamita que me abrazo.
148
Sol digo y sol no basta. Sin otra iluminación apago este mundo. Dentro de mí, el mundo respiraba como tus manos.
149
El que soy en mí y el que yo era en vos. El que soy ahora habla en sus entrañas con el que era en vos. En un silencio lleno de aspas y cansadas cadenas, se produce el diálogo entre un moribundo y un muerto.
150
Hoy vi que un barco no pasaba nunca…
151
Al pie del muro, bajo los árboles distraídos en los colores del ocaso, soy dos, recordando.
EN LA ORILLA (2002/2003) Máximo Ballester
Wednesday, August 30, 2006
En la orilla XV
136
Mano que se asfixia en el intento de asir granos de arena. Arena que come el viento. Viento que me fuma la cara, el cuello, los hombros. Las nubes pasan como horas que alguien recuerda.
137
Saltar hacia el vientre de la madre y de ahí a la nada total. Única justificación para la existencia de una máquina del tiempo.
138
Sol que no sale, sol que no se difunde, sol que no escribe. Sol con pánico a la noche en blanco.
139
Ser en la oscuridad, en la aparente nada, el que se pregunta si esta es la versión definitiva del mundo.
140
Poema, dos piedras, musgo, salitre, versos de arena, una pluma de plumero, poema caracol violáceo, espuma cegante, un tren de hormigas mineras, sombra de ave, poema desolación, des-sol, des-ola, de sola solación, poema orilla, guano, caparazón de la suerte, madero de navío, perro que lame el mar con pezuñas de anzuelo, poema sobrevolando tus pechos de altamar, tus pechos de las diez de la mañana. Poema que se hunde en el sol con salvavidas de tu piel… Dame la mano. Ahora dámela.
141
Donde hice nido brota la devastación. He sido llamado a sobrevivir toda la vida, a ser, nada más, arquitecto de mi sombra.
142
Suprimirse en medio de un perro hasta ser ese perro. O ser solamente –oh destino: polvo de huesos- arena que construya su castillo en el viento.
143
En este minuto mío pierdo el cielo, el paraíso, la salvación, el infierno. Pierdo la otra vida, la reencarnación, el purgatorio y todos los ángeles. Pierdo una a una todas las religiones. Pierdo a Dios y a Satanás. Pierdo mi única posibilidad de ser nada. Y pierdo este minuto mío. Y además no gano, nada gano. Pero no pierdo para ganar. Y además no pierdo nada.
144
Y sos agua de la que no podré secarme nunca.
Mano que se asfixia en el intento de asir granos de arena. Arena que come el viento. Viento que me fuma la cara, el cuello, los hombros. Las nubes pasan como horas que alguien recuerda.
137
Saltar hacia el vientre de la madre y de ahí a la nada total. Única justificación para la existencia de una máquina del tiempo.
138
Sol que no sale, sol que no se difunde, sol que no escribe. Sol con pánico a la noche en blanco.
139
Ser en la oscuridad, en la aparente nada, el que se pregunta si esta es la versión definitiva del mundo.
140
Poema, dos piedras, musgo, salitre, versos de arena, una pluma de plumero, poema caracol violáceo, espuma cegante, un tren de hormigas mineras, sombra de ave, poema desolación, des-sol, des-ola, de sola solación, poema orilla, guano, caparazón de la suerte, madero de navío, perro que lame el mar con pezuñas de anzuelo, poema sobrevolando tus pechos de altamar, tus pechos de las diez de la mañana. Poema que se hunde en el sol con salvavidas de tu piel… Dame la mano. Ahora dámela.
141
Donde hice nido brota la devastación. He sido llamado a sobrevivir toda la vida, a ser, nada más, arquitecto de mi sombra.
142
Suprimirse en medio de un perro hasta ser ese perro. O ser solamente –oh destino: polvo de huesos- arena que construya su castillo en el viento.
143
En este minuto mío pierdo el cielo, el paraíso, la salvación, el infierno. Pierdo la otra vida, la reencarnación, el purgatorio y todos los ángeles. Pierdo una a una todas las religiones. Pierdo a Dios y a Satanás. Pierdo mi única posibilidad de ser nada. Y pierdo este minuto mío. Y además no gano, nada gano. Pero no pierdo para ganar. Y además no pierdo nada.
144
Y sos agua de la que no podré secarme nunca.
Sunday, August 27, 2006
En la orilla XIV
127
El mar se oye como una pregunta. La mañana es clara como si en ella se reflejara otra más bella y alta. Parado en arenas de clepsidra, agoto mi tiempo. Más allá de tu ausencia, siento que es tu vestido alegre el que no ha venido a verme.
128
Gané este centímetro de sonido, logré ese hecho que es la palabra, difundí el rumor de mi propio latido -acaso esperando un eco- sin saber que no hay victoria sobre la nada.
129
No, no se equivocó esta paloma: ir bello a la belleza, tomar la forma de lo que se ama.
130
Despliego la hoja delicadamente. Releo el poema con amorosa esperanza; como si lo hubiese escrito yo mucho tiempo después de mi muerte.
131
La sensación de haber rasgado todas las verdades hasta la última mentira. La sensación nada más, sólo eso. La mentira se emperifolla, se viste de fiesta, la verdad es una fiesta a la que no hemos sido invitados.
132
Comer crepúsculo. Sentarse a un lado del silencio. Oír las nubes, cómo levantan sus faldas cuando pasan frente al sol. Pasar el día sin decir palabra –mi rostro ausente entre las manos-. Hasta que algo me arranque un sonido, un pulso en otra escala, una letra H en la respiración. Algo que ya no pueda decir con los ojos y rompa el NO. Obligado a verme de espaldas. Cierta crispación. En esa veta.
133
Soy algo en la borra del día. Algo provisorio y distante. Asisto mudo a las cortinas de la lluvia, a la histeria de los compases del mar. Ni una palabra en los médanos, ni un silbo de sábana en mis labios. Quiero pájaros en la boca. ¡Ahora los quiero!
134
El mundo es terrible y el poema que no puedo hacer lo empeora. Más aún: el mundo es terrible porque no puedo hacer el poema.
135
Sobrevivís en mí: delicada, frágil, como una especie en extinción.
El mar se oye como una pregunta. La mañana es clara como si en ella se reflejara otra más bella y alta. Parado en arenas de clepsidra, agoto mi tiempo. Más allá de tu ausencia, siento que es tu vestido alegre el que no ha venido a verme.
128
Gané este centímetro de sonido, logré ese hecho que es la palabra, difundí el rumor de mi propio latido -acaso esperando un eco- sin saber que no hay victoria sobre la nada.
129
No, no se equivocó esta paloma: ir bello a la belleza, tomar la forma de lo que se ama.
130
Despliego la hoja delicadamente. Releo el poema con amorosa esperanza; como si lo hubiese escrito yo mucho tiempo después de mi muerte.
131
La sensación de haber rasgado todas las verdades hasta la última mentira. La sensación nada más, sólo eso. La mentira se emperifolla, se viste de fiesta, la verdad es una fiesta a la que no hemos sido invitados.
132
Comer crepúsculo. Sentarse a un lado del silencio. Oír las nubes, cómo levantan sus faldas cuando pasan frente al sol. Pasar el día sin decir palabra –mi rostro ausente entre las manos-. Hasta que algo me arranque un sonido, un pulso en otra escala, una letra H en la respiración. Algo que ya no pueda decir con los ojos y rompa el NO. Obligado a verme de espaldas. Cierta crispación. En esa veta.
133
Soy algo en la borra del día. Algo provisorio y distante. Asisto mudo a las cortinas de la lluvia, a la histeria de los compases del mar. Ni una palabra en los médanos, ni un silbo de sábana en mis labios. Quiero pájaros en la boca. ¡Ahora los quiero!
134
El mundo es terrible y el poema que no puedo hacer lo empeora. Más aún: el mundo es terrible porque no puedo hacer el poema.
135
Sobrevivís en mí: delicada, frágil, como una especie en extinción.
Wednesday, August 23, 2006
En la orilla XIII
117
¿Anochece en tu blanco país sin noticias? ¿Qué cosa es tu mesa, servida a qué, qué tu mantel? Si la brisa trajera el sabor o el aroma de tus labores de ayer, si tan sólo una señal o paloma, una vaga nube extranjera de la que yo dijera mía…
118
Me subdivido en la lluvia, asciendo por las nervaduras de las hojas, me sucede una rosa de viento en medio del amor furtivo, me ensancho en nulas metamorfosis, soy catástrofe de la sangre aulladora. Las cosas me nombran; todas las cosas que soy. Pero ¿a quién nombran cuando me nombran?... Concurrir a zonas ambiguas ya en tercera persona.
119
¿Somos sueño de un dios?... Creer que el que me sueña no te sueña a mi lado porque no te conoce o por haberte olvidado o por un capricho del inconsciente o, simplemente, por una cuestión de estilo.
120
En mi llanto no caben lágrimas. La angustia y el sopor rompen filas, agitan pañuelos irascibles, ríen en rincones de buhardilla. La tristeza es un punto cardinal mudable, tiene el rostro feliz de una margarita a punto de estallar en una trinchera. No, no tengo lugar para lágrimas, en general para nada que caiga sino yo. No hay una sola nariz húmeda, plañidera, no hay una nube pasajera preñada que sea capaz de corromperme el llanto. Cuando lloro nada llueve, nadie cae, nunca nadie moja nada.
121
Otra vez la luna caída en un responso. Ando con esta ceguera de no verte. Siento que ya me fui, que le robo una fecha a la muerte, que soy memoria del olvido, que dejo una espalda de telón donde debí soltar un pañuelo. Siento que soy sombra de mi sombra.
122
Me suicido en una ola, en una blanca ala de espuma. Oscilo. Toco los llamadores de las puertas de la nada.
123
La poesía es algo que cae. ¿Y yo qué? Yo caigo de vos, no de mí. De mí caeré mañana, cuando tenga suelo. Por ahora sigo cayendo de vos, todavía no doy con tierra firme.
124
Me quitaría la cabeza del sombrero, las manos de las mangas, los pies de los zapatos. Sería la parodia de mi sombra.
125
A veces pienso que diga lo que diga, piense lo que piense, haga lo que haga –ya respire, ya escriba, ya camine-, es otra forma de decir que te amo.
126
Vos en una orilla, yo en otra: soy el que espera que se unan los continentes.
¿Anochece en tu blanco país sin noticias? ¿Qué cosa es tu mesa, servida a qué, qué tu mantel? Si la brisa trajera el sabor o el aroma de tus labores de ayer, si tan sólo una señal o paloma, una vaga nube extranjera de la que yo dijera mía…
118
Me subdivido en la lluvia, asciendo por las nervaduras de las hojas, me sucede una rosa de viento en medio del amor furtivo, me ensancho en nulas metamorfosis, soy catástrofe de la sangre aulladora. Las cosas me nombran; todas las cosas que soy. Pero ¿a quién nombran cuando me nombran?... Concurrir a zonas ambiguas ya en tercera persona.
119
¿Somos sueño de un dios?... Creer que el que me sueña no te sueña a mi lado porque no te conoce o por haberte olvidado o por un capricho del inconsciente o, simplemente, por una cuestión de estilo.
120
En mi llanto no caben lágrimas. La angustia y el sopor rompen filas, agitan pañuelos irascibles, ríen en rincones de buhardilla. La tristeza es un punto cardinal mudable, tiene el rostro feliz de una margarita a punto de estallar en una trinchera. No, no tengo lugar para lágrimas, en general para nada que caiga sino yo. No hay una sola nariz húmeda, plañidera, no hay una nube pasajera preñada que sea capaz de corromperme el llanto. Cuando lloro nada llueve, nadie cae, nunca nadie moja nada.
121
Otra vez la luna caída en un responso. Ando con esta ceguera de no verte. Siento que ya me fui, que le robo una fecha a la muerte, que soy memoria del olvido, que dejo una espalda de telón donde debí soltar un pañuelo. Siento que soy sombra de mi sombra.
122
Me suicido en una ola, en una blanca ala de espuma. Oscilo. Toco los llamadores de las puertas de la nada.
123
La poesía es algo que cae. ¿Y yo qué? Yo caigo de vos, no de mí. De mí caeré mañana, cuando tenga suelo. Por ahora sigo cayendo de vos, todavía no doy con tierra firme.
124
Me quitaría la cabeza del sombrero, las manos de las mangas, los pies de los zapatos. Sería la parodia de mi sombra.
125
A veces pienso que diga lo que diga, piense lo que piense, haga lo que haga –ya respire, ya escriba, ya camine-, es otra forma de decir que te amo.
126
Vos en una orilla, yo en otra: soy el que espera que se unan los continentes.

